Cabernet Sauvignon, la reina de las tintas

Cabernet Sauvignon, la reina de las tintas

Si Usted pregunta por algún vino tinto lo más probable es que le mencionen, casi si pensar, algún cabernet y esto no es raro porque es una cepa que con sus bondades claramente probadas, sigue siendo hoy la cepa más difundida en el mundo.

Es una cepa nacida en Bordeaux, Francia, pero que le ha dado la vuelta al mundo quedándose en geografías y climas muy distintos y en cada uno de ellos con resultados siempre espectaculares. Una cepa con mil nombres diferentes y con mil lugares en donde vive y crece.

Mucho se sabe ya de esta cepa, entre otras cosas, que se relaciona con el cruce entre Cabernet Franc y Sauvignon Blanc. Seguramente la Cabernet Sauvignon no es la única cepa para producir grandes tintos, porque si hay algo bueno en este mundo del vino es la diversidad de cepas que siempre nos sorprenden con vinos inimaginables, pero lo cierto es que la Cabernet Sauvignon es la cepa tinta más difundida y que ya empieza a ocupar lugares importantes en la producción de vinos en países que por tradición no la veían como una buena alternativa.

Esta cepa de características espectaculares, es una de las cepas de maduración más tardía. Con racimos de granos redondos, de piel bastante gruesa de color azul oscuro, con bastante pruina que lo hace ver como muy empolvado, nos ofrece vinos que cuando son jóvenes son rojos oscuros con tonos muy violáceos y con aromas muy frutales de frutas rojas, a veces con tonos de pimiento o también en oportunidades con tonos de eucalipto. Cuando son vinos de larga guarda, que por su carga de taninos es uno de los que más resisten en el tiempo, nos llegan voluptuosos, potentes, complejos con tonos de fruta roja y negra y con tonos de chocolate o de humo de tabaco, propios del paso por madera.

El mundo bebe más Cabernet Sauvignon que otro tintos, en Colombia se descorchan más botellas de Cabernet Sauvignon que de otras cepas. Chile que todos, hoy, relacionamos con el Carménère, tal vez por ser casi el único país donde esta gran cepa crece en condiciones ideales y produce en primer lugar vinos elaborados con Cabernet Sauvignon. Si volvemos a las raíces, pues ¿quién podrá dudar del Cabernet Sauvignon de Bordeaux?.

El Cabernet Sauvignon, elegido por muchos y con mil matices en sus diferentes orígenes y métodos de producción que nos permiten disfrutar una copa de un cabernet joven hasta una de gran evolución, como cualquier vino, también tendrá una estrecha relación con la gastronomía. Por eso que al descorchar un cabernet muy fresco y frutal, con algunos taninos nuevos todavía, será un buen compañero de carnes asadas, quesos semi maduros, salsas rojas moderadas o hasta también acompañará un plato muy informal como una pizza o una hamburguesa.

Un cabernet con clara evolución, con potencia y gran estilo, acompaña comidas con paladares más complejos, salsas más condimentadas, quesos maduros, o carnes guisadas.

Y el gran Cabernet Sauvignon, el voluptuoso y potente, de larga guarda y el de gran estirpe es para disfrutarlo solo un buen rato en nariz, descubrir todo su potencial y esperarlo un poco más en copa para que nos siga sorprendiendo con cargas aromáticas nuevas. Después no habrá que perder ningún mensaje que nos trasmita mientras se acompaña lentamente con algún platillo de preparación muy especial, donde los aromas y sabores se complementen desde el principio. Será un gran compañero de carnes condimentadas, salsas muy potentes con algunas notas picantes, carnes de caza como jabalí, venado, o ñandú, o simplemente pan francés y quesos muy maduros.