Cepas, ¿Cuál es la mejor?

Cepas, ¿Cuál es la mejor?

El interés por el vino crece y naturalmente todas esas preguntas inquietas son una muestra de ello, por eso siempre decimos que todas las preguntas son válidas.

Para el consumidor que inicia el camino del vino la duda de cuál cepa es mejor es frecuente, y la búsqueda tiene como fin no perderse de los mejores vinos. La verdad es que podemos encontrarnos con mejores, peores y hasta algunos vinos a veces definitivamente malos, pero esto en general no es el resultado de una mejor o peor cepa sino de una mejor o peor elaboración.

Las cepas de tradición, que en número son muchísimo más de las cinco o seis que se nos ocurre mencionar cuando nos preguntan por la cantidad de cepas para vinificar, tienen la oportunidad de ofrecer vinos muy buenos, desde los cotidianos hasta los premium. Eso si, lo que también hay que considerar es que cada cepa nos ofrece, como es lógico, vinos distintos y con objetivos diferentes a la hora de descorchar.

Hay gran cantidad de cepas blancas y otras tantas tintas y de ellas mil vinos pueden elaborarse con características muy diferentes. Habrá que sondear en qué etapa del aprendizaje del mundo del vino está la persona que elige para que pueda interpretar la magia tanto de los blancos muy jóvenes como la extrema complejidad de los tintos de guarda o el inigualable dulzor de los blancos botritizados.

Claro que también después nacerá un engranaje indiscutible que es el gusto personal y la infaltable relación del vino con la mesa, que hará que unos vinos sean mejores que otros para acompañar un plato.

Desde cepas blancas como la sauvignon blanc o la riesling, que ofrecen vinos frescos y jóvenes y de buena acidez, hasta blancas como la infaltable chardonnay, que permite elaborar blancos con buen paso por madera con notas más cremosas, o cepas como la semillón, que junto con la Sauvignon Blanc o la Gewürztraminer, cosechadas tardíamente, nos dejan disfrutar de la dulzura de buenas cosechas tardías.

Llegamos hasta el cosmos de cepas tintas, que inicia con algunas de menos color y menos taninos como la importante pinot noir, hasta cepas cuya fuerza es indiscutible como la cabernet Sauvignon, la syrah o la complejidad de un tempranillo sumada a las características de la graciano o la garnacha en los vinos españoles, así como cepas tintas menos conocidas como la gamay con la que se elabora el Beaujolais Nouveau, el tinto más joven del mundo , o cepas casi desconocidas como la Crljenak Kastelansky que, de acuerdo a sus rastros genéticos, es el origen de la Zinfandel.

Todo este universo inagotable de cepas y sus distintos vinos tienen la oportunidad de brindar al consumidor conocedor o también a aquel que recién se inicia, mil aromas y sabores diferentes que no son señal de mayor o menor calidad sino de la simple identidad de cada una de ellas.

Por esto, la correcta elección depende del conocimiento y del gusto.