Chianti

Chianti

Si se habla de vinos italianos, seguramente que el nombre “Chianti” inmediatamente nos acerca a uno de los vinos íconos italianos: Los Chianti.

Chianti es parte de la Toscana, y su territorio que se respalda en Los Apeninos se acerca al Mar Tirreno. Entre valles, colinas y ríos, que además de ofrecer un paisaje inigualable, también, desde la geografía del vino, tiene terrenos diferentes, tanto en las condiciones del suelo, clima y altura, desde poco menos de 200 msnm hasta casi los quinientos metros sobre el nivel del mar.

Este conjunto de condiciones, ofrece claros terroirs para producir vinos, todos bajo la sombrilla del nombre Chianti. Chianti es un territorio de viña y vino que se divide en siete distritos o zonas entre las que se destacan la de del Chianti Clásico en territorios de Florencia y Siena. Colli Senesi en Siena; Colli Pisane en Pisa, junto al Chianti Rufina, que tal vez sea la mejor competencia para el Chianti Clásico.

Los Chianti, son vinos nacidos de la variedad Sangiovese, aunque también, en algunos casos, se acompaña con otras dos variedades propias de la región como la canaiolo y colorino. Los Chianti de acuerdo a las distintas regiones de origen, clima, y trabajos de elaboración, entre los cuales el paso por madera marca el resultado final, nos ofrecen vinos que recorren un camino claro de sensaciones frescas, muy frutosas, cuando no ha tenido pasos por madera, o un paso muy corto, hasta vinos claramente evolucionados, donde la madera agrega, de manera muy sutil, diferencias que son fáciles de percibir.

Desde los más sencillos hasta los Riserva, el Chianti siempre se destaca porque, como lo definen sus creadores, son vinos que nacieron para la mesa. Son definitivamente cercanos al buen comer y al buen beber. Vinos que sustentan sus cualidades en una acidez importante, que agrega frescura, contenidos de alcohol de buen volumen pero que no se notan o no agreden, evolución de lo frutal y lo floral a vinos con notas especiadas, con matices tostados, y otros con algunas notas minerales.

El Chianti, que nació como un vino joven para beber de manera cotidiana, ha evolucionado y ofrece vinos de muy alto perfil. Los Chianti, hoy, con etiquetas con evolución en el diseño y estilo; inicialmente se envasaban en botellas con forma de ánfora o botellón, con cuello medianamente largo y con la particularidad de encontrase recubierta por una canastilla de mimbre o alguna otra fibra vegetal, que además de haberse transformado en el símbolo de las botellas para Chianti, también protegían el envase y facilitaban la refrigeración a la hora de servicio.

La Toscana, una de las grandes cunas de la ciencia, el arte, y estilo claro del buen vivir, es también cuna de un vino italiano, con ancestro y tradición que es reconocido en el concierto mundial de esta bebida. La cocina, es parte de los grandes aliados del Chianti. Este vino ha llegado a casi todos los rincones del planeta y se adapta a la cocina de cada uno de esos sitios. Y de la cocina tradicional Toscana; desde algunas entradas con pan crujiente como los crostini o bruschetta di fegato, ( hígado de ternera, pato , pavo); pan en trozos, con cebolla, tomates frescos, albahaca, aceite de oliva, y vinagre, a manera de ensalada; hasta platos de aromas más notables y paladar contundente como pappardelle al sugo di lepre, pasta larga plana un poco más ancha que los tagliatalle, con salsa de liebre, con o sin tomate.; o Bistecca alla fiorentina, o también el stracotto, un estofado de ternera cocinado a fuego muy lento; siempre quedarán muy bien acompañados con una copa de chianti desde los más jóvenes hasta los más evolucionados.

Y aunque el Vin Santo es un blanco licoroso, elaborado, generalmente, con uvas pasificadas de trebbiano y malvasía; acompañando unos cantuccini, postre de galletas con almendras, es un cierre muy propio para una mesa con tradición toscana.